Conociendo a Lois Long, aka Lipstick, la primera crítica de moda

Mucho se ha hablado ya de esa época vivida entre 1920 y 1933 en la que se instauró en todo Estados Unidos la Ley Seca, una ley que prohibía la fabricación, el transporte y la venta de bebidas alcohólicas en todo el país. En esos momentos, EEUU vivía una eufórica transición social gracias a su nueva posición tras la I Guerra Mundial y era un hervidero cultural con grandes personalidades en el mundo del arte, la música, el cine y la literatura. Era la época de las flappers, esas mujeres que la moda ha puesto de moda (valga la redundancia) en diversas ocasiones y que son un ejemplo de glamour, sofisticación y culto a la femenidad de la mujer, estilísticamente hablando. También se vivía un apogeo musical riquísimo en géneros siendo el jazz el más popular del lugar, no en vano, en esos años grandes nombres triunfaban por todos los clubs como Duke Ellington. Pero los años 20 también fueron los años en los que los gansgters se codeaban con famosos y políticos y tenían un gran poder de influencia en la sociedad que no hizo más que crecer cuando, con esa ley ya aprobada, decidieron ser los encargados de producir, importar y distribuir las bebidas alcohólicas en el país a golpe de ametralladora y/o sobornos al policía o funcionario de turno en los clubs nocturnos clandestinos que abarrotaban el país.

¿y por qué os cuento todo esto? os preguntaréis. Pues porque gracias a una colaboración que acabo de empezar he podido indagar más en esos fascinantes «felices años 20» y, casi de rebote, conocer la historia de Lois Long, más conocida en aquella época por ser la columnista que se escondía bajo el pseudónimo Lipstick en The New Yorker y que, a día de hoy, es considerada  como la primera mujer crítica de moda.

Lois Long la columnista flapper de The New Yorker
Lois Long, la columnista flapper de The New Yorker ( a la derecha)

Lois Long venía de trabajar en Vogue y en Vanity Fair cuando The New Yorker (un recién estrenado periódico por aquel entonces) le ofreció una columna (que cambió su vida y con la que alcanzó la «fama y la gloria» en su profesión) en la que hablaba de la locura de las noches neoyorkinas. La columna triunfó pues se salía de los habituales artículos de ganchillo y recetas culinarias que solían escribir las mujeres en su época. Pero ella estaba destinada a formar parte de las mujeres que hicieron a América moderna, como Zelda Fitzgerald o Dorothy Parker. Sus columnas estaban cargadas de una ironía de lo más glamourosa y tenían en  la crónica social su punto de mira constante contada, por supuesto, en primera persona ya que ella misma, bajo su pseudónimo en los primeros años y con su verdadera identidad cuando se casó, visitaba todas la noches los más de 10.000 clubs clandestinos (los únicos lugares donde se consumía alcohol, de manera ilegal) que en esos momentos tenía Nueva York.

Tal era el ritmo que llevaba la periodista que llegó a resumir su vida con un lema «Tomorrow we may die, so let’s get drunk and make love.» (Puede que mañana muramos, así que emborrachémonos y hagamos el amor). Todo un slogan que incluso hoy se utiliza para definir a las flappers, esas mujeres que se divertían, emborrachaban y bebían con los hombres entre las que se encontraba la propia Long.

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Daba su opinión  sobre lo que sus propios ojos veían y se atrevía a debatir cuestiones de caracter político relacionadas con su mundo como su oposición rotunda a la ya comentada Ley Seca. La bebida, su prohibición y el papel de la nueva mujer americana dentro de los círculos en los que se movía eran protagonistas de sus columnas día sí y día también.

«La Prohibición (así se referían ellos a la Ley Seca de manera informal) nunca tendría que haber sido necesaria, mas bien tendría que haberse educado a la gente joven a beber con cabeza. La respuesta está en las guarderías y en los colegios… deberíamos enseñar a los jóvenes a beber y no habría tantos incidentes embarazosos entre ellos» … éstas fueron algunas de las opiniones que Long dedicó a la Ley Seca a través de su columna y firmando con su pseudónimo. (desde aquí pido al The New Yorker que edite un libro con todas sus columnas, ¡las necesito en mi vida!)

¿no os suena todo esto un poquito? quiero decir: Nueva York, mujeres modernas, una periodista que escribe una columna en un periódico hablando de experiencias personales y de estilos de vida contadas en primera persona, hombres… ejem, ejem… Candace Bushnell ya sé en qué época te inspiraste para escribir tu Sex and The City y en qué mujer para crear a Carrie Bradshaw, ¿o no?

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