Experiencia real de parto: qué sentí y cómo lo viví

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A medida que el embarazo va llegando a su término, en las mentes de las gestantes primerizas hay una pregunta que no deja de darnos vueltas: ¿Cómo será el parto?

Son muchas las experiencias de parto que nos van llegando a medida que avanza nuestro embarazo, aunque al menos en mi caso, la mayoría de esas historias eran para no dormir. ¿Por qué la gente se empeña en contar siempre lo malo?

Por otro lado, en los cursillos de preparación al parto, es tanta la información técnica que se recibe que, al menos yo, acabé un poco sobresaturada de términos médicos que no me sirvieron para hacerme a la idea de lo que podía ser un parto real.

Pues aquí estoy yo para contaros prácticamente con pelos y señales, cómo fue mi parto de una forma más cercana y para que os podáis llevar una idea de cómo me sentí en cada fase.

Recalco: esta es mi experiencia, la tuya será única y puede que no se parezca en nada a la mía pero quédate con que el resultado final merecerá mucho la pena, que al final es lo verdaderamente importante.

Primera Fase: La dilatación

«Se corresponde al inicio de contracciones de parto, dilatación del cuello del útero y descenso de la cabeza del feto por el canal del parto».

Photo by Limor Zellermayer on Unsplash

En mi caso, las contracciones empezaron el viernes 4 de octubre y las recuerdo como unos ligeros dolores de regla que se repetían cada 20 minutos aproximadamente. Nunca había tenido contracciones y cuando caí en la cuenta de que las estaba teniendo, rápidamente descargué una app en mi móvil llamada «Contador de contracciones» (yo usé esta, pero hay muchísimas) para ir cronometrando cada cuánto tiempo se repetían.

Cuando empezaron a hacerlo cada 8-10 minutos, me fui al hospital pero al monitorizarme me dijeron que solo estaba dilatada de unos 2cm y que el cérvix o cuello del útero no se había borrado, por lo que me mandaron para casa.

Dos horas después, lo que eran ligeros dolores de regla empezaron a ser dolores más fuertes de regla pero no inaguantables. Las contracciones se empezaron a repetir cada 3-5 minutos y estuve cerca de dos horas cronometrándolas en casa. Así, a las 6 de la mañana nos volvimos a ir al hospital donde me dijeron que efectivamente ya debía quedarme allí para empezar con el verdadero trabajo de parto.

Dicen que las madres primerizas tardamos una media de 8-12 horas en dilatar hasta los 10 necesarios para comenzar con el expulsivo. En mi caso, a las 12 del medio día aproximadamente, rompí aguas y sobre las 13:00h mis contracciones comenzaron a ser bastante insoportables.

A esa misma hora, la matrona me confirmó que estaba dilatada de 7 cm y me planteó la posibilidad de ponerme la epidural. Dije que sí sin dudarlo. En esos momentos me sentía morir con cada contracción y solo gracias a que mi marido se dejaba estrujar literalmente las manos y me aguantaba, pude sobrellevar el trance sin echarme a llorar.

Todo cambió a las 14:00h con la epidural. Y eso que al anestesista le costó inyectarme el vial (5 intentos) por lo tensa que yo estaba. Pero una vez te suministran este milagro de la medicina, el dolor se va de forma instantánea.

Me habían contado que con la epidural, las piernas se te duermen y no notas nada por lo que no puedes empujar. No fue este mi caso, aunque sí que es cierto que las contracciones se me espaciaron por lo que tuvieron que administrarme algo de oxitocina.

Segunda Fase: El expulsivo

«La fase de expulsivo empieza cuando se alcanza la dilatación completa y acaba en el momento en que el feto sale completamente al exterior». 

Photo by Patricia Prudente on Unsplash

Una vez estuve bajo los efectos de la epidural, el parto se hizo mucho más llevadero. Después de esperar durante 1h recostada de lado para favorecer la dilatación de los últimos centímetros que me quedaban para alcanzar los 10 necesarios, la matrona se quedó finalmente conmigo para empezar a empujar.

Debemos empujar aprovechando el empuje de las contracciones que, debido a la epidural, ya no las sientes como un dolor intenso sino como unas ganas enormes de empujar. Son los llamados pujos y la sensación es parecida a cuando tienes ganas de ir a hacer de vientre.

En mi caso, en cada contracción aprovechábamos para empujar hasta tres veces. En este punto, me gustaría destacar la profesionalidad con la que me trataron y animaron la matrona (Mª del Mar) y la auxiliar (Encarna) que me asistieron durante el parto en el Hospital Universitario del Vinalopó (Elche). Creo que sin ellas y sin mi marido, hubiera desfallecido en esta fase. Y es que, después de estar empujando durante un buen rato, únicamente conseguíamos verle la coronilla a mi bebé, que volvía a desaparecer cuando dejaba de empujar. El problema era que no estaba empujando de la manera correcta. Concentraba la fuerza en el abdomen y la garganta cuando hay que focalizarla hacia el periné.

En ese momento, cuando había perdido ya parte del ánimo, entre todos consiguieron devolverme al buen camino poniéndome un espejo para que pudiera verle la cabecita al bebé y recolocándome para poder empujar de forma más eficiente. Finalmente, a falta de media hora para instrumentalizar el parto, conseguí empujar bien para que mi bebé por fin sacara la cabeza. En ese momento y a pesar de las ganas increíbles que tienes ahí de empujar, no hay que hacerlo, ya que el bebé se gira sólo de forma muy lenta para favorecer la salida de los hombros y no lastimar la zona del periné de la madre. Una vez asoman los hombros, el resto es pan comido. La matrona saca, lava y te coloca en el pecho a tu bebé en cuestión de segundos. Eran las 17:53h.

Tercera Fase: El alumbramiento

«Aunque es habitual utilizar este término como sinónimo de parto, en medicina esta tercera fase hace alusión, en realidad, a la salida de la placenta. El parto no ha acabado técnicamente hasta que sale la placenta y las membranas ovulares».

Photo by Fanny Renaud on Unsplash

Si pensabas que cuando expulsaras al bebé, el parto se había acabado, estabas muy equivocada. Es cierto que una vez tienes a tu bebé sobre tu pecho, ya no importa nada más, pero la realidad es que todavía te queda por expulsar la placenta.

En mi caso, la expulsión de la placenta fue completamente indolora (seguimos bajo los efectos de la epidural) y salió completa. Cuando la vi me recordó a un hígado de vaca y es importante que no quede ningún resto en tu interior puesto que una vez se desprende, se produce una fuerte contracción en el útero que lo cierra para evitar una gran hemorragia. Por último, solo quedaba coser el pequeño desgarro que me produjo el bebé al salir con una mano pegada a su carita.

Como ya he comentado, esta parte del proceso a penas fue perceptible para mí ya que desde el primer momento estás con tu bebé encima en contacto piel con piel, método que se ha demostrado es importantísimo sobre todo en las dos horas posteriores al parto donde el bebé vive el periodo sensitivo para crear el vínculo afectivo con la madre.

Y este fue el resultado de mi parto:

Como veis, por muy duro o muy liviano que sea tu parto, el resultado será el mejor regalo que la vida te va a ofrecer. Así que, si estás a punto de dar a luz, afróntalo con optimismo y ánimo, porque eres portadora de vida y esta se está abriendo a través de ti.

Portada |  Alex Hockett de Unsplash

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