Guía de viaje: Berlín en dos días

Nunca es tarde si la dicha es buena, diría el refrán. Y ya sabéis que a mí me gusta mucho tirar de refranero español, sobre todo cuando me viene como anillo al dedo para empezar un post como este.

En realidad no he estado recientemente en Berlín, ojalá, estuve hace unos meses, pero todavía no había escrito sobre ello. Y eso no puede ser. Sobre todo con la buena aceptación que tuvieron las miniguías de París en tres días y Milán en dos días.

Así que aquí estoy, dispuesta a contaros lo que hice en Berlín, la ciudad Fénix durante exactamente dos días completos.

No os cuento nada nuevo si os digo que gracias al auge de las compañías de vuelo low-cost, ahora se viaja más, y nosotros no íbamos a ser la excepción que confirma la regla. Con nuestros billetes asequibles de Ryanair, hicimos un vuelo directo Alicante-Berlín en, posiblemente, el fin de semana más gélido del año.

Sí, me diréis los que habéis estado en Berlín que, allí siempre hace frío. Pero lo digo en serio. Llegamos a estar a -11ºC en pleno día…

Pero como os decía, llegamos viernes por la noche a Berlín, en un horario en el que ya no había trenes ni buses, así que pedimos un Cabify para que nos trasladara al hotel. Y aquí fue la primera, que no única vez de mi viaje, en la que pensé que debería haber hecho un curso de alemán gratis como el de Babbel con algo de antelación. Me fui algo confiada pensando que con el inglés me apañaría, pero, como ya os digo, no fue la única vez del viaje en la que me “agobié” un poco con el tema idioma y comunicación con locales del sector servicios.

Pero a lo que íbamos. Llegamos al hotel (FYI: Moxy Berlin Ostbahnhof, un moderno y animado hotel que quedaba muy cerca del Muro y que estaba bien comunicado con el centro) y ahí empezó nuestro viaje, en el lugar que nos motivó a viajar a la capital alemana: el Muro de Berlín, o lo que es lo mismo, la East Side Gallery.

Muro de Berlín & Yo – Berlín

Día 1 en Berlín: East Side Gallery, Puerta de Branderburgo, Catedral y AlexaderPlatz.

Supongo que en cualquier otro momento el Muro tiene que estar abarrotado de gente, pero entre que fuimos a primera hora de la mañana y el frío que hacía, al final, no hay mal que por bien no venga, estuvimos fotografiando cada obra de street art al detalle con toda la tranquilidad del mundo y disfrutamos un montón de ese más de 1km de galería de arte al aire libre.

Realmente el objetivo de nuestro viaje era callejear al máximo, porque queríamos disfrutar de la arquitectura y del arte callejero de la ciudad, y eso es lo que estuvimos haciendo prácticamente toda la mañana, hasta que llegamos a la Puerta de Branderburgo, el otro must de Berlín.

Puerta de Branderburgo de día – Berlín

Este punto clave es uno de los lugares desde donde salen gran parte de los free tours. Nosotros, en esta ocasión, no hicimos ninguno, porque la mayoría estaban relacionados, obviamente, con la Alemania nazi, y a nosotros no nos interesaba esto, nos llamaba más el Berlín posterior resurgido de las cenizas.

Pero como os decía, nos recomendaron visitar la Puerta de Brandemburgo de día y de noche, porque iluminada también es espectacular, y así lo hicimos. Comenzamos la tarde desde ella y recorrimos toda la avenida Unter den Linden, la calle con los edificios gubernamentales más importantes de la ciudad, hasta llegar a la imponente catedral de Berlín.

A mitad de camino paramos en un kiosko que había por el bulevar y no dudamos en comernos los famosos Currywurst, es decir, unas salchichas gigantes aderezadas con salsa curry muy típicas de Alemania. Sin ser yo muy de salchichas y de comida basura, lo cierto es que siempre me gusta probar la comida típica de los lugares que visito, aunque el resultado no sea muy de mi agrado. Pero bueno, se podía comer y de precio estaban bien, y lo mejor es que están por toda la ciudad, así que, amantes salchicheros estáis de enhorabuena si viajais a Berlín.

La otra recomendación gastronómica que os voy a hacer es la de Burgermeister. Sí, el nombre ya da muchas pistas sobre la comida típica de este sitio, pero dos cosas os digo: primera, las hamburguesas están muy buenas; y segunda, el local es muy auténtico. De hecho, está bajo un puente y anteriormente eran unos aseos públicos… Qué le vamos a hacer, me gustan los sitios con historia, aunque estas puedan llegar a ser algo escatológicas.

Volviendo a la ruta del viaje, como os decía, llegamos a la Catedral y me quedé sin palabras. Seguramente al revisar información por Internet, vi demasiadas veces la Puerta de Branderburgo y el Muro de Berlín, pero no tantas las de esta Catedral, así que me impactó mucho más que las otras dos.

Catedral de Berlín <3

Estaba oscureciendo ya cuando llegamos así que decidimos que al día siguiente volveríamos a visitarla y a fotografiar cada rincón de su arquitectura.

Al lado de la Catedral está AlexanderPlatz, una de las zonas más animadas de Berlín. Está bien para terminar el día, hay muchos locales para comer y tomar copas pero no tienen nada de especial, son prácticamente las mismas franquicias de comida que te puedes encontrar en cualquier otra ciudad.

Día 2 en Berlín: Catedral, Isla de los Museos, Parque Tiergarten e Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm

Como os dije, comenzamos nuestro segundo día, casi en el punto donde lo dejamos, en la Catedral de Berlín. De nuevo nos volvió a pasar lo mismo que el día anterior. Al parecer en Berlín la gente no madruga mucho (lógico por otra parte, dada la oferta de discotecas que hay (aunque aquí no os puedo servir de ayuda porque no estuvimos en ninguna)).

Lo bueno de ir un poco a contracorriente con el resto de la ciudad es eso, que un domingo a las 10 de la mañana te encuentras con la Catedral para ti solito. Y creedme, ¡vaya gozada de lugar!

Muy cerquita queda la Isla de los Museos, donde está el Museo de Pérgamo, el más famoso de Berlín, y solo por ver la puerta de Istar ya merece la pena visitarlo, pero vamos, si eres de museos, aquí tienes para dar y vender ya que hay cerca de 200 museos de todas las temáticas posibles.

De esta zona cogimos el metro para ir a la Puerta de Branderburgo, de nuevo, para a continuación visitar el Parque Tiergarten, aka, el pulmón verde de Berlín. La gente suele venir a pasear, a correr, a montar en bici por aquí (y parece ser que para los berlineses la temperatura bajo 0 no es ningún problema).

Después de pasear por ese parque y ver de lejos, con mucho respeto y pena al mismo tiempo, el monumento al Holocausto, cogimos un bus para irnos a hacer algunas compras a la zona más comercial de Berlín: Kurfürstendamm. Y aquí es donde vimos el otro edificio que más me impresionó de la ciudad, aunque por otro motivo diferente al de la Catedral: la iglesia Memorial Kaiser Wilhelm.

Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm – Berlín

Se trata de una iglesia que fue bombardeada por las tropas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. La verdad es que es espeluznante ver ese edificio medio derruido, que sirve como recuerdo de la crueldad de aquella guerra, entre tantos edificios modernos.

Y hasta aquí nuestro viaje exprés. Me quedo con ganas de más, como en casi todos los viajes, pero al menos ya puedo tachar de mi lista de pendientes esta maravillosa ciudad de la que me quedo con una frase que comparte la mayoría de los berlineses: es bueno recordar la historia para no cometer los mismos errores. Así sea.

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