El abrigo de Sakks Potts tricolor

Parándome a revisar los estilismos que se vieron en las calles de la NYFW he descubierto una prenda de una firma por la que he caído rendida. Se trata del abrigo de Sakks Potts tricolor, una firma danesa formada por dos diseñadoras (sus apellidos dan nombre a la firma) cuya fama ha subido como la espuma en este año. Y es que su apuesta por el color block desafía a los colores oscuros del invierno, y solo por eso ya llaman la atención.

Pero, sin quitar mérito a este nuevo concepto de diseños de piel (el ADN de la firma está muy bien explicado en este artículo de Elle Mexico), sin duda alguna el mayor éxito de esta firma escandinava es su apuesta por el product placement. No hay mejor marketing que el de una influencer para elevarte al estrellato en tiempo record.

Bloggers con el abrigo de Sakks Potts tricolor

Leandra Medine fue la primera a la que le vi puesto el abrigo de Sakks Potts. Como la fiebre por Man Repeller nunca está demodé, si ella “compra” estos abrigos, habrá que tenerlos en cuenta:

Leandra Medine con el abrigo de Sakks Potts tricolor por las calles de Nueva York

La clave es utilizar los colores más vibrantes (como los de las mangas y solapas) en otras prendas del look. Medine lo borda. Aunque yo este abrigo en concreto me lo pondría con vaqueros. En la siguiente imagen vemos un ejemplo y aprovecho para dar paso a una new face.

Estamos ávidos de caras nuevas, y a Leandra ya la tenemos muy vista (aunque no por ello deja de inspirarnos), así que te presento a la última sensación del street style, la estilista Pernille Teisbaek:

Pernille Teisbaek con el abrigo de Sakks Potts tricolor con Justin O´Shea en los alrededores de la New York Fashion Week

Pernille, además, en su look, no pierde la oportunidad de lucir la tendencia del momento, las medias de rejilla. Por cierto, ¿alguien tiene su libro? (Pinta interesante).

Fashion insiders

Este mundo de la moda es tan importante para Instagram que hasta la red social tiene su propio departamento dedicado. Al frente de él se encuentra Eva Chen, una de las habituales de la escena del street style. Su estilo desenfadado y deportivo también encaja con  el abrigo de Sakks Potts tricolor.

Eva Chen con el abrigo de Sakks Potts tricolor por las calles de Nueva York con Anya Ziourova

En la misma línea desenfadada se encuentra el look de Emily Weiss, la fundadora del portal de belleza Into the Gloss.

Emily Weiss con look sporty chic y abrigo de Sakks Potts tricolor en la NYFW

Modelos

Por último, las modelos también se apuntan a la tendencia del abribo de Sakks Potts tricolor. En este caso, la que apuesta por él es Lindsey Wixon. Sí, este abrigo también es perfecto para rematar el total black look que tanto adoran las modelos.

Lindsey Wixon con el abrigo de Sakks Potts tricolor en la New York Fashion Week

Consigue el look

Abrigo gris palo pelo sintético con bolsillos falsos azules de Helen Berman para Asos

Abrigo gris palo pelo sintético con bolsillos falsos azules de Helen Berman para Asos por 135,43€.

También de Helen Berman para Asos, abrigo negro con cuello de pelo sintético naranja

También de Helen Berman para Asos, abrigo negro con cuello de pelo sintético naranja, por 146,89€.

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Cuando Bershka quiere ser Balenciaga

Hay tendencias que, casi desde el mismo instante que las estás viendo desfilar, sabes que van a ser exitosas. Es el caso de la colección otoño-invierno 2016/17 de Balenciaga. Algo que es fácil de adivinar cuando sabes que Demna Gvasalia es el diseñador del momento (aunque, para mí, Alessandro Michele no tiene rival) y, además, apuesta por prendas fácilmente copiables. Y  lo que ocurre es que este clon de Balenciaga estaba más que cantado.

Clon de Balenciaga en Berhska

Es lo que ha pasado con el plumífero (puffer jackets en inglés) que abrió el desfile de la firma francesa. Efectivamente, todas las tiendas low-cost, desde siempre, han vendido este tipo de abrigo en invierno. Quizás no sean las más bonitas pero sí son las que más abrigan así que su punto práctico gana la batalla año tras año y los compramos de manera compulsiva en cuanto bajan las temperaturas.

Pero el añadido que aporta Balenciaga, además del color, es la forma de llevarlo. Se acabaron las voguettes con los abrigos apoyados sobre los hombros, ahora lo que se lleva es el abrigo con cremallera cerrado hasta la mitad de su recorrido para dejar suficientemente abierta la parte de arriba hasta el punto de casi dejar al descubierto la zona de los hombros (ver imagen de cabecera puesto que vale más que mil palabras intentando describirla).

Y como tantas otras marcas, Bershka tomó nota de la tendencia y la convirtió en alcanzable.

Personalmente llevaba varias semanas viendo la susodicha prenda en el escaparate del Bershka de mi zona y además colocada sobre el maniquí cual modelo desfilando para Balenciaga (la misma “actitud” para lograr la mayor similitud con el original). Así que era cuestión de tiempo empezar a verlo en los outfits de las principales style bloggers:

Not Balenciaga at all #bershkastyle

Una foto publicada por María Bernad (@maria_bernad) el


La prenda inspirada en el plumas original de Balenciaga cuesta 29,95€ en Bershka. Y visto que se puede conseguir el mismo efecto, al menos de manera visual… ¿quién no caería en la tentación?

Marion Cotillard de Dior en la premiere de Mal de Pierres

El mes pasado será difícil de olvidar para Marion Cotillard. La actriz anunció su segundo embarazo junto con su pareja desde el año 2007, Guillaume Canet casi al mismo tiepo que saltaba a escena toda la locura relacionada a la separación entre Brad Pitt y Angelina Jolie. Solventada ya la polémica, y con las aguas más tranquilas, Marion ha comenzado a promocionar su última película, Mal de Pierres, haciendo gala del estilo que la caracteriza.

Porque sí, por contrato tiene que vestir de Dior pero ella es capaz de darle un je ne sais quoi al típico vestido negro, combinándolo con el complemento que, este invierno sí que sí, está destinado a volver a nuestras vidas: las medias de rejilla.

Shop the look

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Medias de rejilla de Asos.

Guía de viaje: París en tres días

Si me habéis seguido por las redes sociales ya sabréis que la semana pasada estuve de escapada en París con mi marido. Era un viaje que teníamos reservado desde hacía casi un año y la verdad es que, sin darnos cuenta, elegimos la mejor fecha posible por varias cosas. Primera y principal porque después de pasar el verano con los niños, necesitábamos unos días de desconexión del mundo en general para poder pasar tiempo nosotros solos. Sin obligaciones, sin horarios, sin prisas. Y segundo por el tiempo que ha hecho, porque poder disfrutar de la ciudad de la luz con una media de 30ºC de temperatura no lo podíamos imaginar ni en nuestros mejores sueños.

Así que parece ser que los astros se alinearon para que pudiéramos disfrutar al máximo de nuestra escapada y como nos salió todo tan bien y tengo la sensación de haber exprimido al máximo el tiempo que hemos estado, he creído interesante compartir con vosotros el planning que hicimos por si estáis pensando en hacer un viaje a París de duración similar.

El vuelo

Como os decía, el vuelo lo reservamos con muchísima antelación y, teniendo en cuenta las fechas que ya teníamos reservadas para otros compromisos personales, elegimos volar el viernes 9 de septiembre hacía París y volver el 11 de septiembre a Alicante. Con la compañía Vueling teníamos vuelo directo desde Alicante al aeropuerto de París-Orly, el segundo más importante de París y en el que, si no me equivoco, aterriza todo aquel que quiere ir a Eurodisney, puesto que está en la zona sur de la capital. Reservamos los vuelos de tal manera que el viernes a las 9 de la mañana ya estábamos en París y el domingo a las 12 de la noche llegábamos a Alicante.

Una vez en el aeropuerto cogimos el Orlybus que es como un bus urbano de los de aquí que te acerca a la estación de Denfert-Rochereau en media hora aproximadamente por unos 8 euros por persona. Por lo que estuve leyendo es una de las formas más asequibles de desplazarte desde el aeropuerto. A nosotros nos venía bien porque nos quedaba cerca de la casa que habíamos alquilado pero lo más normal es que tengáis que utilizar el metro de la misma estación para poder llegar a vuestro destino. De todas formas, al ser una estación bastante principal, está muy bien conectada pero hay que tenerlo en cuenta para salir con suficiente antelación, sobre todo en el momento de la vuelta a casa.

El alojamiento

En cuanto al alojamiento, nosotros nos decantamos por un apartamento de Airbnb. Teníamos claro que queríamos estar en un apartamento desde el principio por varios motivos. Uno de ellos, cómo no, era el de ahorrar dinero. Además a mí me encanta levantarme e inmediatamente desayunar (en pijama). Y por último, como queríamos aprovechar al máximo el tiempo que íbamos a estar en París, decidimos que era mejor dedicar menos tiempo a comer y más a explorar la ciudad así que no nos la podíamos jugar con los tiempos de espera en los abarrotados bares (¡estaban todos a tope!). El primer día cargamos en el super (recomendadísimos los FranPrix que están por toda la ciudad) y nos estuvimos alimentando a base de sandwiches y paninis. La única excepción que hacíamos era la del café que nos lo tomábamos en una coqueta brasserie que había bajo de casa, eso sí, a 2,80€ el espresso y eso que no era el sitio donde más caro estaba.

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Pero vamos a lo importante. Se lo he dicho a todo el mundo que conozco y vosotros no ibais a ser menos: ¡nuestro apartamento era el mejor del mundo mundial! Bueno, seguro que hay opciones mejores sobre todo si el dinero no es un problema, pero nosotros buscábamos uno bueno, bonito y barato y, a ser posible, en un buen emplazamiento. Y bueno, objetivo cumplido. Nuestro apartamento cumplía con todos los requisitos. (FYI os dejo la dirección exacta: 1 rue Blainville).

Una de las cosas que más ilusión me hacía era que estuviera en un lugar con encanto, aunque no fuera céntrico, en el que nos sintiéramos, aunque fuera solo por unos días, un poco parisinos. Nuestro apartamento estaba en el barrio latino, rodeado de universidades (La Sorbona & cía)  y prácticamente al lado del Panteón. Las calles eran estrechas y estaban llenas de bares de comida internacional que se mezclaban con pubs, brasseries, supermercados y tiendas de souvenirs.

Y aunque pueda dar la sensación de que, a simple vista, era ruidoso, lo cierto es que yo no describiría a “mi barrio” con ese adjetivo, porque las ventanas de nuestro apartamento daban a una plaza en la que desde primera hora de la mañana había músicos profesionales amenizando el ambiente. Violines, acordeones, clarinetes, guitarras y voces angelicales… en serio, por momentos me parecía estar metida en la película de Amelie (nota mental: tengo que volver a verla). Encantador sería un adjetivo bastante a la altura de las circunstancias.

Primer día

Una vez aterrizados y con las maletas ya en nuestra casa para los próximos días lo primero que decidimos hacer fue explorar un poco nuestro barrio. El barrio Latino. Así que la mañana del viernes la dedicamos a ver el Panteón, la Sorbona, la fuente de Saint Michel y los jardines de Luxemburgo (¡ma-ra-vi-llo-sos!) mientras vibrábamos con el ambiente de estas callecitas. Sin duda alguna es una ruta que recomiendo muchísimo hacer si queréis vivir un poco el ambiente parisino. Además, dicho sea de paso, en esta zona hay cantidad de bares de todos los gustos gastronómicos que suelen tener precios más asequibles que el resto de la ciudad. Nosotros terminamos la ruta en la Catedral de Notre Dame que queda muy cerquita. Le hicimos millones de fotos y nos anotamos en nuestra lista de películas que tenemos que volver a ver, la del Jorobado de Notre Dame, obvi. También dimos un paseo por los bajos del río Sena, mirando bien por el suelo por si nos encontrábamos a Ratatouille (otra peli que tengo que volver a ver) y los puestecitos artísticos que hay en el margen izquierdo del Sena (o mejor dicho los del Rive Gauche, en francés todo suena mejor) que aunque siguen siendo muy bonitos han perdido parte de su encanto porque el producto que venden ya no es tan original.

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Tras comer en casa y descansar un poco, cogimos el metro para ir al barrio de Montmatre. La verdad es que el metro de París es una maravilla. Me pareció bastante rápido y en general muy bien conectado. De precio es bastante similar al de Madrid. Tampoco me dio la impresión, salvo en alguna parada, de que estuviera muy abarrotado así que, para nosotros, ha sido perfecto como medio de transporte porque nos ha ahorrado mucho tiempo.

Como decía, cogimos el metro hasta la parada de Abbesses. Esta parada es la que queda más cerca del funicular que te sube hasta la Basílica del Sacre-Coeur pero nosotros paramos ahí porque queríamos hacernos una foto en su entrada ya que conserva en su totalidad el estilo art-nouveau característico de los antiguos metros de París. Y sí, la parada es muy bonita y la foto nos la hicimos pero el error que cometimos fue no coger el ascensor en cuanto bajamos del metro para subir a la superficie. La verdad es que nos sorprendió la de gente que hacía cola para subir en ascensor pero en ningún momento pensamos que era porque nos esperaban exactamente 104 escalones de subida para alcanzar la superficie. Lo bueno es que mientras mueres lentamente al quedarte sin respiración ni fuerzas puedes admirar diversos murales en las paredes hechos por artistas bohemios de la zona, aunque sinceramente el cansancio no te hace valorarlas como se merecen. Creo que es una forma de avisarte de lo que viene después y es que para llegar al famoso Sacré-Coeur, y a no ser que utilices el funicular, te espera un largo camino empinado y lleno de larguísimas escalinatas. Eso sí, de esta manera también puedes admirar curiosas tiendas de arte y hacer paradas en algunos sitios interesantes como el museo de Dalí. Pero ya os adelanto que por las calles estábamos mi marido, yo y cuatro gatos más mirándonos todos con cara de compasión y gritos mentales de “¡ánimo! ¡tu puedes! ¡un escalón más! ¡vamos!”.

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El fin de la agonía llega con la famosa plaza de los pintores y bueno, qué queréis que os diga, si no habéis estado nunca, es visita obligatoria pero lo cierto es que ha perdido todo el encanto que tenía. Ya no es tan bohemia y auténtica, ahora está pensada por y para los turistas y por eso está plagada de bares saca-dinero y tiendas de souvenirs “made in China”. O al menos esa fue la percepción que me llevé yo que solo pasaba por ahí de camino a la Basílica. Una pena.

Y ahora sí que sí. La Basílica del Sacré-Coeur. ¡Maravillosa es poco! ¡Es una obra de arte colosal y descomunal! Abarrotada de gente sí (por algo es el segundo lugar más visitado de Francia, después de la Torre Eiffel) pero totalmente comprensible porque tener delante esa obra magistral de la arquitectura y esas impagables vistas de todo París desde su mirador es motivo único y suficiente como para decir eso de “Paris is always a good idea”. Y lo mejor es empezar a bajar por su escalinata delantera e ir girándonos cada cierto tiempo para seguir admirándola. A must-see.

Por cierto, si os gusta Instagram y seguís alguna cuenta de las dedicadas a París, seguramente habréis visto alguna foto de la Maison Rose, una casita-bar con las paredes de color rosa altamente recomendable visitar, aunque solo sea para fardar de foto en tu cuenta. Además, en algún momento de la vida anterior a sus paredes rosas, fue la residencia de Picasso en París.

Nuestra ruta terminó en la calle Pigalle que a mí me recordaba al modelo icónico de zapato de Christian Louboutin (llamado así en honor a esta famosa calle) pero que también es la calle que, entre otros muchos sex-shops y salas de espectáculos varios, se encuentra el Moulin Rouge (sí, otra peli que tengo que volver a ver). La calle en general no nos gustó mucho, pero al molino rojo hay que hacerle una foto al menos una vez en la vida.

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Segundo día

Nuestro segundo día comenzó en el metro en dirección a la Torre Eiffel. Aunque ya la habíamos visto de lejos en los Jardines de Luxemburgo, y por muchos millones de veces que la hemos visto en películas o en libros, la realidad supera la imaginación. Verla aparecer entre los exclusivos edificios del distrito 7 no se puede expresar en palabras, pero admirarla justo delante de los Campos de Marte, el jardin delantero, es alucinante. Os comento que nosotros fuimos sábado por la mañana bastante pronto y ya había una importante cola de gente esperando para subir. También nos han dicho que merece la pena verla cuando empieza a atardecer porque iluminada es todo un espectáculo pero nosotros esa parte nos la reservamos para nuestro próximo viaje. Lo que sí os aseguro es que nosotros, a plena luz del día, le hicimos fotazas desde todos los ángulos.

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Aprovechando que estábamos por esa zona, nos fuimos andando hasta el arco del Triunfo, otro monumento must-see que me sorprendió gratamente verlo en directo. Es mucho más enorme de lo que tenía en mi cabeza. Por otro lado, el tráfico de los Campos Elíseos es descomunal pero aun así la gente se atrevía a quedarse en una especie de isletas super delgadas que hay en medio de la carretera para conseguir hacerse la mejor foto con este monumento. O eso o que son fans de las Spice Girls y las querían emular

Con la satisfacción de haber visto los dos monumentos más importantes de nuestra lista, nos dedicamos a pasear viendo los lujosos escaparates de las boutiques de los Campos Elíseos y las avenidas que la cruzan en busca de la Avenue Montaigne, donde está el cuartel general de Dior, un imprescindible para mí que por algo este blog en realidad es un blog de moda y no una guía de viajes ;). Y así poco a poco, nos fuimos acercando al icónico puente de Alexandre III (nota mental, Julia Roberts y su anuncio para Calzedonia, no digo más) dejando a un lado el Grand Palais (lugar donde, entre otras muchas cosas, hace Chanel todos sus desfiles pret-à-porter) y el Petit Palais. Puede que esté siendo algo parca describiendo estos lugares pero no por ello quiere decir que no me impresionaran. Al contrario, eran bellísimos, pero llegó un punto en el que todo me parecía tan bonito, tan espectacular, tan colosal… que no sé en qué momento empecé a acostumbrarme.

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Tras fotografiar un millón de veces más a la Torre Eiffel desde el puente más bonito que he visto en mi vida llegamos (a pie en todo momento) a la plaza de la Concorde, famosa por estar coronada por un gigante obelisco de los de verdad y por albergar gran cantidad de edificios gubernamentales en un espacio gigante. En las fotos que hicimos no se aprecia la belleza de ese lugar por culpa del denso tráfico pero en mi retina queda grabado ese obelisco de por vida.

Y así como quien no quiere la cosa, nos metimos en el Jardin de les Tuileries, el nexo de unión entre la Plaza de la Concorde y el Louvre. Los jardines estaban a tope de gente y se convirtieron en el lugar perfecto para descansar a la sombra, refrescarse y tomar un tentempié, aunque para mi gusto los Jardines de Luxemburgo ganan en belleza.

Y a la salida de Les Tuileries ahí estaba, la famosa pirámide de cristal que nos advierte que hemos llegado al Louvre. (Por cierto, el Código da Vinci es otra peli que tengo que volver a ver). Lo ideal habría sido entrar a ver a la Gioconda y sus cuadros vecinos, pero el tiempo jugaba en nuestra contra, así que esta es otra de las cosas que nos dejamos pendientes para ver en otro viaje. De todas formas, admirar el edificio que la alberga desde fuera también merece la pena.

Y del Louvre al Palacio Real, o mejor dicho, a los Jardines del Palacio Real. Y es que había una placita que tenía especial ilusión por ver en directo. Es la plaza de las columnas que tantas veces había visto en Instagram. Necesitaba comprobar que era real XD.

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De ahí cogimos la Rue Saint Honoré y dedicamos el resto del día a pasear por ella y visitar algunas tiendas icónicas como Colette, otro must de París. Caminando, caminando llegamos a la Rue Cambon… ¿os suena de algo? Es la calle donde Chanel tiene su cuartel general, que tampoco es nada del otro mundo pero que a mí me hacía ilusión ver. Karl no estaba por ahí. Shame! Terminamos nuestra ruta comercial en Galerias Lafayette, los famosos centros comerciales donde es difícil comprar algo (a no ser que seas millonario) pero que vale la pena visitar para admirar su cúpula acristalada y su estructura circular repartida en siete plantas parapateadas por balcones de estructuras modernistas.

Volvimos de camino a casa por la Rue Rivoli, que es una preciosa calle con vistas a los Jardines de les Tuileries compuesta por un pasaje con arcos donde es interesante mirar, también, al suelo, lleno de originales mosaicos. Aquí está el famoso salón de thé Angelina, aunque dicen que su especialidad es el chocolate caliente. Volveré en invierno para que me siente mejor.

Tercer  y último día

Para nuestro último día en París decidimos comenzar la ruta en el Hotel de la Ville, es decir, el Ayuntamiento, otro colosal edificio más que te deja casi sin habla y que cuenta con una plaza en la que se llevan a cabo diversos festivales de música y conciertos. De ahí nos fuimos al Museo Pompidou. Queríamos experimentar la sensación de admirar un edificio tan moderno y totalmente diferente a los edificios del siglo XIX con sus características paredes de piedra y buhardillas pintorescas que copan la ciudad. Y sí, es raro verlo ahí en medio y también ver esa fuente surrealista en honor a Dalí quien, por cierto, está mirando todo lo que pasa en su plaza a través de un propio grafitti de él mismo que hay en ella. Pero el grueso de la ruta venía con el adentramiento en el barrio de Le Marais.

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Leímos que este barrio tiene mucha vida los domingos por la mañana. Las tiendas están abiertas (algo que no sucede en el resto de la ciudad), hay salas de exposiciones, gente improvisando conciertos por las calles y un mercadillo de antigüedades digno de ver. Y, bueno, yo tenía curiosidad por ver con mis propios ojos la brasserie La Perle, un bareto muy concurrido que se encuentra en pleno corazón del barrio donde ocurrió toda la locura de Galliano. Cuando lo vi, lo entendí todo. Este bar está en pleno barrio judío. Imaginad a Galliano, borracho, voceando y haciendo comentarios en contra de la religión judía… Si es que el alcohol no trae nada bueno, Galliano de mi vida…

Por ahí estuvimos paseando toda la mañana hasta que llegamos a la plaza des Vosges. De ella os diré que si os gusta el arte, tenéis que visitarla sí o sí. Aunque en el centro hay unos jardines, se puede rodear la plaza a través de sus arcadas. Y ahí es donde podéis admirar las galerías de arte de artistas super consagrados. A nosotros nos encantó dar esa vuelta y además nos vino fenomenal puesto que fue el único momento de todo nuestro viaje en el que cayeron unas gotitas de agua. Así que resguardados bajo esas preciosas arcadas nos fuimos despidiendo poco a poco de París.

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Sé que nos han quedado muchas cosas por ver, pero era nuestra primera vez en París y no queremos que sea la última. Nos han recomendado dar un paseo en barco por el Sena, ver la Torre Eiffel al atardecer, visitar la tumba de Napoleón y la Ópera de Garnier, entrar al Louvre a ver La Mona Lisa y, bueno, a modo personal, mi marido quiere ver la tumba de Jim Morrison (de hecho, el último día podríamos haber andado un poquito más allá de la Plaza des Vosges para alcanzar la pla za de la Bastilla y, a continuación, el famoso cementerio) … puede que ya esté haciendo nuevas rutas mentales para mi próximo viaje (aun sin fecha) a la que desde ya es mi ciudad favorita del mundo. ¿Qué más cosas y sitios de París me recomendáis ver? ¿Merece la pena sacrificar un día, a la próxima, para ir a Versalles?

Espero que os haya servido de algo mi guía y disfrutéis mucho de vuestro viaje. 🙂

 

 

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Las joyas Primavera/Verano 2017 vistas en la New York Fashion Week

Parece ser que en la New York Fashion Week han declarado al bolso como el complemento más importante de sus colecciones, a tenor de la multitud de modelos diferentes que hemos visto, incluso dentro de las mismas colecciones. No es raro teniendo en cuenta que la fiebre por las it-bags crece exponencialmente temporada tras temporada. Todos quieren tener ese 2.55, ese Neverfull, ese Birkin o, por qué no, ese “cualquiera” de Mansur Gavriel que haga que sus cuentas bancarias engorden a la velocidad de la luz. Por eso, las joyas quedan relegadas a un tercer plano (después de los zapatos) y quitando los coloridos aros de Altuzarra o los maxipendientes de Proenza Schouler y el amplio y maravilloso despliegue en Rodarte, poco más podemos añadir en esta sección.

Los bolsos Primavera/Verano 2017 vistos en la New York Fashion Week

La semana de la moda de Nueva York es perfecta para averiguar qué tendencias han triunfado en la temporada acaba de entrar, es decir, en este caso, las de otoño-invierno 2016/17, simplemente porque muchos de los diseñadores que desfilan aquí, se limitan a copiar lo que ha funcionado (amén de Delpozo, obvio, él es totalmente atemporal y toma otro tipo de referencias como inspiración). Y si la mayoría apuesta por llevar el bolso en la mano, por algo será. Después, cada uno le añade su toque personal.

Que si una pulsera enganchada al bolso por una cadena, como Altuzarra, que si medias asas en vez de asas largas para evitar llevar el bolso a modo bandolera, como Alexander Wang, adornados con charms, como los robots de Jason Wu o las frutas y flecos de Altuzarra… y si aun así queréis llevarlo colgado del hombro, recordad, el asa tiene que ser de un color o estampado diferente al del resto del bolso, y el ejemplo más claro nos lo marca Boss. Las medias lunas boho también tienen cabida y los estampados no tanto, bueno sí, si algo no le podemos recriminar a Marc Jacobs es su intento constante de ser diferente a los demás. En los zapatos tenemos el mejor ejemplo, pero con los bolsos tampoco se queda atrás y es que el minimalismo no forma parte del vocabulario del diseñador americano. Siguiendo con los estampados Proenza Schouler lo intenta de manera más sutil, mientras que Michael Kors recurre a la apuesta segura de las flores (for spring? Groundbreaking ;)). Para terminar, el irreverente Vetements, presenta una especie de bolso de mano de dimensiones más alargadas de lo habitual. ¿Vuestro favorito?

Bolsos Primavera/Verano 2017 NYFW

Ya os digo yo el mío…. ¡cualquiera de la marca española Sanyuri!

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Los zapatos Primavera/Verano 2017 vistos en la New York Fashion Week

Acaba de concluir la edición Primavera/Verano 2017 de la New York Fashion Week y ahí va el primer recopilatorio. Comenzamos por los pies, porque por algún sitio hay que empezar y la verdad es que la cosa ha estado flojita. Si bien es cierto que Nueva York destacará por muchas cosas pero no es precisamente la fashion week que marca las tendencias, pero hay firmas que desfilan aquí que hacen cosas interesantes y que es bueno recordarlas.

Sobra decir que las plataformas a lo Gaga de Marc Jacobs han sido el zapato más comentado de esta fashion week, pero también es cierto que esos zancos tienen poca salida comercial. El resto de propuestas van desde los planos Pocahontas de Alexander Wang, las flatforms cruzadas de Proenza Schouler o Boss, el zapato clásico de tacón fino y pulsera de Altuzarra (puede que sean mis favoritos, juntos con los de Rodarte) hasta las ya famosas botas-pantalón de Vetements.

Cómo seguir luciendo hombros en invierno, por Emma Roberts

Enseñar hombros va a seguir siendo tendencia en la nueva temporada y Emma Roberts así lo ha demostrado con su dos últimos looks. Para acudir al “Today Show” en Nueva York, la actriz, que está a punto de estrenar la segunda temporada de Scream Queens #yasss, optó por un vestido azul pastel de manga larga y hombros al descubierto, de la firma Wai Ming.

Tranquila, si esta marca te suena a chino, no te preocupes, en Asos hay opciones muy similares y, por supuesto, de lo más asequibles:

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Vestido camisero azul de Asos, vestido skater negro de Asos y vestido de punto rosa de Asos.

Para asistir a la fiesta de Coach, dentro de la Nueva York Fashion Week, Emma optó por un top de escote bardot y un peto vaquero. Sencilla y a la última.

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Shopping the look

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Top negro de escote bardot y manga larga de Asos Petite.

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Peto vaquero de Vero Moda.

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Sandalias abotinadas con cordones y tacón de aguja de Public Desire.

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Michelle Obama de Gucci en el The Ellen Degeneres Show

No suelo comentar los estilismos de la Primera Dama Michelle Obama como tampoco suelo hacer lo propio con los de la reina Letizia o la duquesa Catalina de Cambridge. Simplemente porque, aunque sé que son mucho más influyentes que los que se pueda poner una estrella de la música, una actriz de Hollywood o una simple bloguera, me suelen parecer aburridos. Como es normal ellas no pertenecen al mundo de la moda y no tienen por qué ponerse las últimas tendencias. Ellas, como la mayoría de nosotros, se ponen lo que mejor encaja con su figura y con la imagen que quieren transmitir. Pero de vez en cuando hay alguna que otra excepción que merece ser reseñada. Como la que hizo Michelle para acudir al Show de Ellen Degeneres ya no tanto por el corte del vestido sino mas bien por su estampado y, sobre todo, por quien lo firmaba: Gucci. La Primera Dama suele tirar de diseñadores americanos y también tiene el detalle de vestir de los diseñadores de los países a los que acude, pero que haya vestido de Gucci solo quiere decir una cosa: todas quieren/queremos vestir con las genialidades de Alessandro Michele.

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Por cierto, ¿se pondrá de moda el tejido con mapas estampados? Habrá que esperar a que Zara y cía muevan ficha.