Gracias a este libro ahora llevo más cuidado con los reclamos del mundo de la cosmética

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Hace poco leí un titular en una conocida web que decía así: «el desodorante del futuro no contiene ni sales de aluminio ni parabenos, solo lleva ingredientes 100% naturales y no está testado en animales«. Casi nada.

En otro momento dado, proscrastinando por Instagram, paré en el perfil de Carmeron, concretamente en un posteo sobre el último producto viral de belleza: el tratamiento Dream Long 8 segundos Magic Water de Elvive, que, por cierto, me he comprado (que no me lo cuenten), aunque tendría que haberme llegado ya y, de momento, ni rastro .

El caso es que me puse a leer los comentarios de ese posteo en busca de respuestas sobre su uso y aplicaciones y por entender un poco el motivo de su éxito. Las encontré (y de ahí mi compra) pero lo que llamó mi atención fue este otro comentario: «No es cruelty free, ¿verdad? He buscado en los listados y no veo que conste @lorealparis».

En ambos casos, uno por exceso de claims y otro por la ausencia de los mismos, no pude evitar acordarme de Raquel Marcos, la autora del libro «Belleza con Ciencia«, que he tenido la oportunidad de leer recientemente, en el que, entre otras muchas cosas muy interesantes, se habla de un tema muy usado en cosmética: los reclamos publicitarios y cómo algunos pueden dar lugar al engaño.

Belleza con Ciencia

Libro Belleza con Ciencia, de Raquel Marcos. Ediciones Martínez Roca. 192 páginas

Tuve la oportunidad de hablar con Raquel y este tema, y muchos otros, me lo dejó muy claro. «En Europa no está permitido testar en animales, salvo excepciones, por lo tanto es poco leal poner que un producto no es testado en animales al igual que el que no lleve tóxicos porque denigra al resto de fabricantes que, por ejemplo, aparecen en el mismo estante en un supermercado.»

«El poner este tipo de claims lo que se consigue es hacer creer al consumidor o al usuario que si en un cosmético pone que es sin tóxicos y en otro no pone nada es porque es con tóxicos. Directamente pensamos que si existe un producto sin tóxicos, existirá otro con tóxicos, algo que no es cierto, ya que todos los cosméticos en Europa se regulan bajo la misma normativa y ninguno de ellos permite llevar ingredientes tóxicos o ingredientes prohibidos por la Unión Europea.«

En definitiva, utilizar ese tipo de reclamos es competencia desleal y se están usando por encima de nuestras posibilidades .

Raquel estudió Química en la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid y tiene un doctorado por la Universidad de Dusseldorf, un Postgrado en dermofarmacia y Cosmética y un master en marketing y dirección de empresas. A día de hoy se dedica al campo de la regulación de los productos sanitarios a nivel europeo centralizado sobre todo en Alemania y tiene un perfil muy activo en Instagram (@cosciencia) que fue el que me motivó a dar un paso más, leer su libro y aprender un mucho más.

Reclamos que sí. Reclamos que no

Por cierto, y volviendo al primer titular de este artículo, sobre los desodorantes con aluminio también hablamos. «A día de hoy son seguros en las cantidades que se permiten, y no tenemos que preocuparnos demasiado como usuarios. Pero sí que es cierto que en ocasiones utilizamos este tipo de producto sin necesitarlo realmente. Hay gente que no transpira excesivamente y no necesitaría un desodorante que contenga aluminio para reducir esa transpiración. En ocasiones lo que les preocupa es el olor, y para eso ya tenemos el desodorante. Y hay personas que ni transpiran demasiado y tampoco tienen un olor excesivo, con lo cual es verdad que podríamos no necesitar desodorantes o transpirantes en función de la persona«.

Y, para terminar de desmontar ese titular, también le pregunté, cómo no, por la manía que nos han hecho tenerle a los parabenos. «Actualmente con la evidencia que se tiene y con el uso destinado de los productos en el mercado se consideran seguros en las proporciones que permite la Unión Europea, que es un máximo de 0.4 en el caso de los de cadena corta y por el momento no existe evidencia de que su uso a lo largo del tiempo produzca ningún efecto adverso a los usuarios«.

Teniendo en cuenta, pues, que no nos deberíamos fijar mucho en algunos reclamos publicitarios como el «no testado en animales» «cruelty free» «sin parabenos» «sin…lo que sea» porque pueden inducir al engaño o intentar hacerte creer que ese cosmético cuenta con una ventaja que los demás no tienen cuando no es verdad, le pregunté a Raquel qué era lo verdaderamente importante leer en la etiqueta de un cosmético y esta fue su respuesta: «Lo más importante es la reinvindicación cosmética que aparece en la parte delantera del producto para que como usuarios sepamos si ese producto puede cumplir lo que esperamos. Por ejemplo, si queremos una crema despigmentante, que aparezca que es despigmentante. Esa sería, por así decirlo, la primera barrera.

Lo siguiente sería leer la lista de ingredientes en el caso de que sepamos qué estamos buscando. Por ejemplo, si quiero un ácido exfoliante para alisar un poco la estructura de la piel, pues buscar un ácido glicólico si lo tolero… y luego creo que también es muy importante fijarse que esté hecho en Europa, en el caso de la Unión Europea y también buscar el distribuidor legal de ese producto cosmético, por si en el caso de que pasase, que tuviésemos algún efecto adverso al producto, saber con quién contactar.

Precauciones, en el caso de que aparezcan, y ver que el listado de ingredientes está o bien en castellano o bien en inglés y que cumple la normativa europea, por ejemplo, que aparezca en un idioma como puede ser el chino o el japonés o el koreano, no estaría permitido, significa que ese producto es realmente de exportación y no ha sido supervisado aquí en España o en Europa.»

Tomo nota, Raquel. Gracias por haberme atendido y por compartir tu sabiduría. Y gracias a Planeta por haber hecho de intermediario. Os recomiendo mucho su libro. ¿Y vosotros/as?¿Qué más libros sobre cosmética me podéis recomendar?

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